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Los automatismos están abotargando la mente hasta un punto en el que la dependencia de ellos nos está convirtiendo a las personas en siervas de la tecnología.

Dicho así suena muy fuerte pero es innegable.

Confort Tecnológico¿Por dónde se nos ha colado? Por la comodidad. La tecnología nos hace la vida más fácil, más cómoda pero de ahí a caer en brazos de la pereza hay una demasiado delgada línea roja, línea que todo el mundo nombra pero nadie la ve.

Reflexionemos sobre el nivel de atocinamiento que tenemos la mayoría. Veamos cómo puede ser un día cualquiera de cualquiera de las personas normales que habitamos la sociedad moderna.

Nos despierta un despertador automático. Estiras el brazo y das al interruptor de la luz, hay ya algunos sistemas que ni siquiera requiere ese titánico esfuerzo, se controla por la voz; dices “luz” y la luz se enciende. Con un aplauso fuerte se levanta la persiana que también es automática.

El desayuno lo calienta un microondas automático tras sacar la leche de un armario blanco con baldas llamado frigorífico, aparato automático que nos conserva los alimentos durante más tiempo en condiciones comestibles. Al rato bebemos un zumo natural exprimido en otra máquina automática, el exprimidor, no vaya a ser que nos de un pasmo por girar la muñeca para exprimir la naranja.

AlienadosDurante el desayuno habremos mirado al smartphone que con sus automatismos ya nos habrá presentado qué tiempo hace en la calle, no nos vaya a dar un tirón al estirar el cuello para mirar por la ventana. Para cepillarte la boca tienes, cómo no, tenemos un cepillo automático. La OMS advierte que mover el cepillo en la boca para limpiarse es un deporte de riesgo.

El reloj que llevas en la muñeca, otro automatismo, sí, ese que miras 300 veces al día evita que tu mente vaya calculando, nos asombraríamos con qué nivel de precisión, en qué momento del día te encuentras.

Vas a la habitación a vestirte y la luz del pasillo se enciende sola, con ese automatismo detector de personas.

Ya bajas a por el coche, de cambios automáticos mejor, no vaya a ser que al cambiar de marchas se nos disloque el hombro, en un ascensor, que también es descensor, las escaleras del portal están solo para emergencias y para caso de incendio; a dónde íbamos a parar, para qué usar una escalera para bajar habiendo ascensor.

El coche se abre con un mando a distancia, han habido caso de lesiones graves al abrir las puertas con una cosa que está como de adorno llamada cerradura. En cuanto nos montamos al vehículo, abrimos las ventanas con un botón automatizado; la manivela que había que girar con el brazo era un artilugio insufrible. Si llueve el limpiaparabrisas se pone en marcha solo porque detecta gotas de lluvia, por favor, cómo vamos a tener que accionar una palanquita, por cierto otro automatismo para ponerlo en marcha. Al aparcarlo, ya nos avisa si hay algún obstáculo detrás, mirar por el retrovisor y calcular la distancia ya es para personas pasadas de moda.

En el trabajo, en la mayoría de los casos vamos a pasar la mañana utilizando un sinfín de automatismos: ordenador, tablet, teléfono, etc. Habremos entrado en él por una puerta automática que se ha abierto sola con otro automatismo. Nos habremos, probablemente tomado un café o similar en una máquina automática y podríamos haber ingerido algún producto de máquina de vending, también automática.

Quien disponga de tiempo libre irá al gimnasio a montarse en un aparato para correr encima, la cinta ergométrica (menudo nombrecito), cómo vas a salir al aire libre a correr, dónde vas a comparar: tienes tele, te dice cuánto tiempo llevas, los km que has recorrido, las calorías que has quemado. Probablemente la mayoría de las personas lleven unos auriculares bluetooth o con cable para escuchar música. Nuevamente mucha gente prefiere los automatismos.

Exceso de comodidadY así podríamos seguir hasta hartarnos, dándonos cuenta de que tenemos un nivel de comodidad tan exagerado y en aumento, que me hace pensar si no nos estamos atocinando en exceso.

Ahora ya más en serio. El exceso de comodidades (a estas alturas toda persona que esté leyendo habrá buscado justificaciones para el uso de todos esos automatismos, y también habrá pensado que yo también los uso), nos lleva a una gigantesca zona de confort de la luego es muy complicado salir.

Una mañana sin Internet, es una mañana caótica. Ya nadie sabe hacer nada. Hay histeria colectiva - tuitéalo

Ya nos ha ocurrido en el trabajo, en el Instituto. Una mañana sin Internet, es una mañana caótica. Ya nadie sabe hacer nada. Hay histeria colectiva. La contabilidad no funciona, el sistema de control de asistencia no funciona, los ordenadores ya no sirven de gran cosa, los despachos paralizados, la centralita no funciona. No quiero ni pensar qué ocurriría si hubiera un inhibidor de wifi en los colegios, el alumnado sin guasap y sin YouTube se amotinaría, les faltaría el oxígeno, ya no concibimos el día a día sin el Gran Hermano, Internet.

¿A dónde voy a parar?

MáquinasCreamos las máquinas para que nos hicieran la vida más fácil y los trabajos duros se hicieran más llevaderos pero la comodidad se ha encargado de que sobrepasemos esa fina raya roja que nadie ve, pero de la que todo el mundo habla, y ahora trabajamos para las máquinas. Las construimos, las cuidamos, las limpiamos, las reparamos, nos gastamos un dineral en comprarlas y en arreglarlas, esclavos de cargar varias baterías cada día para alimentar a esos automatismos que nos hacen la vida más cómoda pero que nos abotargan, diríase que estamos a su servicio, ya que sin ellas ya no somos capaces ya casi, y sin el casi, de vivir.

¿Coincidencia? Estando en el un apartamento de vacaciones se fue la luz, siendo ya las ocho de la tarde. No se ve nada, no hay electricidad. No tengo más linterna que la del móvil. ¿Y si se gasta la batería y el apagón dura bastante tiempo y no puedo recargarla? Me quedaría sin luz alguna. No podré cenar caliente, la cocina es eléctrica. Si la noche enfría, no habrá calefacción alguna ya que el aire acondicionado es también eléctrico. Con el apagón se ha detenido mi estado de bienestar. Me doy inmediata cuenta de cuánto dependo de la tecnología.

Peligros Inteligencia ArtificialY para colmo, ahora estamos jugando a ser dioses dotando a las máquinas de inteligencia artificial, máquinas programadas para aprender de su experiencia de funcionamiento, máquinas que procesan información a velocidades de vértigo, con enormes capacidades de almacenamiento, interconectados entre sí a millares, qué a millares, a millones, formando una red neuronal digital que procesa millones de millones de órdenes por segundo, mientras nuestras mentes están abobadas con la tele, con el fútbol o con la llamada industria del entretenimiento que no hace otra cosa más que precisamente entretenernos, distraernos y abotargarnos, ahora eso sí todo muy confortable y placentero.

Lo que antes eran meros automatismos ahora se convierten en automatismos ‘que deciden’. Ahora el enemigo es todavía más peligroso ya que es materia dotada de pseudointeligencia sin conciencia ni consciencia, solamente al mando de las instrucciones que le haya metido la empresa o persona que la haya programado. En general, afortunadamente no siempre, serán empresas o personas que usarán esas máquinas en su propio beneficio. Sin escrúpulos, solo en busca de rentabilidad económica que engordará más aún si cabe el egoísmo del ego que rige el plano material en el que vivimos.

Las calles están llenas de personas, jóvenes y no tan jóvenes que caminan como zombis mirando al smartphone. Pandillas de jóvenes están sentados en un banco, cada uno mirando al móvil durante largo tiempo sin dirigirse la palabra. La mayoría de la gente camina con auriculares en sus oídos, llegando hasta el extremo que en las aulas hay alumnado que tiene un auricular en una oreja oyendo música y el otro libre para poder decirte, si le llamas la atención, “si ya te oigo”. Oirme sí, ¿pero escucharme?

¿Quién y cómo se frena esto? Difícil cuando hasta nuestros gobernantes ya no pueden prescindir de estos llamados adelantos.

Consumo Internet y Contaminación¿Alguien se ha parado a pensar cuánto consumo energético ha aumentado en el planeta desde la aparición de Internet? Cada consulta que hacemos a un buscador pone en funcionamiento multitud de servidores y conectores, routers, switches y automatismos para que ese buscador pueda decirnos “se han encontrado 17 millones 500 mil coincidencias en 0,17 segundos”. Qué peligro tiene el buscador de Internet sobre todo para los jóvenes y niños que lo conocen desde que nacieron. Saben dónde hay “alguien” que les responde todas sus dudas sin el más mínimo esfuerzo. ¿Qué necesidad van a tener de creer en alguna divinidad o en Dios si ya tienen a golpe de un clic al que ya se le conoce como San Google? Encima tienen respuestas donde elegir, si no les gusta una eligen la siguiente, y si no la siguiente. A continuación la defenderán a muerte porque la han leído en Internet.

Si lo que querían es impresionarnos ya lo han conseguido. ¿A alguien le importa todo ese montón de coincidencias cuando no vamos a pasar de la página 3 del buscador? No escatimamos recursos técnicos en pro de un exagerado exceso de comodidad para disponer de todo en todo momento con solo hacer un par de clics. Es como si quien dirige esa inteligencia tecnológica estuviese frotándose las manos por habernos atrapado en su red mediante la Red de Redes, y el ser humano absorto contempla cómo va quedando relegado a un plano cada vez más desatendido ante tal despliegue de tentadores medios.

Por ir terminando, aunque este tema daría para largo, creo que se nos ha ido la pinza. Nuestro exceso de comodidad nos ha llevado a una dependencia de las máquinas y a una contaminación bestial del medio ambiente, ambiente que será complicado recuperar si no se pone freno urgente a tanto despropósito.

¿Seremos capaces de retroceder en confort para no tener que construir, instalar y mantener tantísimos automatismos para ocuparnos más del planeta que nos acoge? ¿Estará la Humanidad atrapada en un invisible síndrome de dependencia y de pérdida de identidad?

El ser humano no necesita de tanta parafernalia y añado que además la pereza es mala compañera de viaje.

¿Qué opinas al respecto? Me va a gustar leer tus comentarios.

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Tutor de plataformas online. Responsable de Certificaciones en Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (It Txartela) en Cebanc. Colaboro en varios blogs sobre marketing digital y social media. Me gusta pintar mandalas y pasear por los montes. ;- )

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